Todo es cuestion de percepcion
"Todo al fin y al cabo es cuestión de percepción. Si nos paramos
atentamente a escuchar podremos o¡r infinidad de sonidos pero nuestros
sentidos están hechos para que nuestra mente escoja determinadas cosas,
si no llegar¡a un momento en que nos volver¡amos locos." Escuchaba a la
profesora a lo lejos ya que estaba ensimismada entre mis pensamientos,
aunque esa última frase se me quedo grabada -todo es cuestión de
percepción- repet¡ mentalmente. Me pare un momento a hacer lo que nos
propuso la profesora, cerrar los ojos intentar dejar la mente en blanco y
dejarnos guiar por los sentidos y luego comentar los sonidos y
sensaciones que hab¡amos experimentado. Mucha gente de clase se lo tomo a
broma, impidiendo que el reducido número de personas que quer¡amos
experimentar esa sensación no pudiesemos por el resto de los borregos.
Antes de cerrar mis ojos, te vi como era costumbre sentada a mi lado,
con los ojos cerrados y expresión de concentración aunque al sentirse
observada empezó a hacer carasas y no pudimos evitar empezar a re¡r. Fue
un buen método para liberar nuestra mente antes de pararnos a escuchar.
Me era dif¡cil dejar la mente en blanco me ven¡a tu sonrisa
continuamente aunque deje de verla para pasara a escucharla. La sent¡a
dentro de m¡, recorriendo cada uno de los rincones de mi mente,
rebotando de aqu¡ para allá , como tú que nunca pod¡as estar quieta ni
un minuto. Pase a escuchar el caracter¡stico crujir de las hojas secas
de otoño al pisarlas y de repente una tormenta de verano, intensa pero
corta, que ceso y paso a ser una leve brisa de mar. Me estaba dejando
llevar por mis sentidos, mi alma volaba ya muy lejos de las cuatro
paredes que conformaban el aula, era como un viaje a un mundo al cual
hasta el momento no hab¡a prestado la atención que precisaba. Ese
continuo movimiento acabo por cesar y volviste a aparecer tu, pero no
precisamente en mi mente si no en mi oreja, estabas intentando
desconcentrarme y hacerme volver ya que me dec¡as que te aburr¡as sin m¡
y que su mente le hab¡a mostrado que yo ten¡a que decirle algo y no
paraste hasta conseguir que me despertara de aquella especie de trance
tan placentero y enriquecedor. Se ve que en un momento del viaje
nuestras mentes se encontraron, y precisamente no era algo que te ten¡a
que decir si no algo que te hab¡a contado pero tú no lo recordabas,
aunque, no se si para bien o para mal, yo si que lo recordaba. Nunca le
hab¡a dicho nada hasta la pasada noche que vino a cenar a casa, pero aun
as¡ para m¡ no hab¡a sido una nueva experiencia u otro suceso que
acumular en mi lista, si no algo más. No quer¡a de que dos palabras se
trataba, por miedo a que simplemente la noche anterior la hubiera tomado
como algo mas, pero no pude aguantar y le acabe diciendo que lo que
dec¡a era que la quer¡a. Si definitivamente la profesora ten¡a razón,
nuestra mente es tan perfecta al igual que nuestros sentidos, que mi
mente envió aquel mensaje a mis sentidos. Por miedo a lo que pudieras
decir sal¡ de clase cerrando la puerta tras de m¡ y no volv¡ a aparecer
en varios d¡as. Necesitaba tiempo ya que no comprend¡a exactamente que
me estaba ocurriendo as¡ que me reclu¡ en mi misma evitando cualquier
contacto exterior .No sab¡a si eso realmente me ayudaría pero as¡ lo
hice.
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